Qué evita una malla en un rack
En un almacén de distribución el producto vive apilado en tarimas, en racks de varios niveles, y los pasillos de circulación pasan justo por debajo. Basta con que una caja quede mal estibada, que el plástico de una tarima ceda o que el montacargas roce la carga al bajarla para que algo caiga desde tres, cinco o más metros de altura, encima de donde camina la gente.
La malla no sostiene la tarima entera: lo que hace es cerrar la cara abierta del rack y retener lo que se sale. Esa diferencia importa a la hora de dimensionar. Una malla de contención está pensada para atrapar cajas, bultos y piezas sueltas que se desplazan, no para aguantar el peso completo de una tarima que se viene abajo; para eso está la estructura del rack, bien montada y bien inspeccionada.
El otro beneficio es de operación: con la cara del rack cerrada se puede seguir circulando por el pasillo mientras se trabaja arriba, y deja de existir la costumbre de cerrar pasillos enteros cada vez que hay que mover producto en altura.
Malla textil o malla metálica: en qué se diferencian
Para cerrar un rack hay dos caminos: el panel de malla metálica, que se apoya en los largueros y queda rígido, y la malla textil tensada, que es lo que fabricamos nosotros. La metálica es más rígida y se usa mucho en cerramientos fijos; a cambio pesa, se abolla con el golpe del montacargas y obliga a trabajar con medidas de panel.
La malla textil se teje a la medida del tramo, pesa poco, absorbe el impacto en vez de deformarse y se adapta a pasillos que no son perfectamente regulares, que es lo normal en una bodega que creció por partes. Se monta tensada sobre cable, así que un tramo se puede desmontar y volver a montar si hay que reacomodar los racks, sin cortar ni rehacer paneles.
Si lo que se busca es un cerramiento rígido y permanente, el panel metálico tiene sentido. Si lo que se busca es cubrir muchos metros de pasillo rápido, sin obra y sin parar la operación, la malla tejida sale antes y se adapta mejor.
Calibre y luz de malla según lo que se almacena
El calibre del hilo se escoge por lo que hay que retener. Para contención liviana —cajas de cartón, bultos, producto empacado que pesa poco— trabajamos con hilo de 1,8 mm. Para bodegas de uso constante, donde el montacargas roza la malla seguido y el producto es más pesado, va hilo de 2 mm, que aguanta mucho mejor el roce repetido contra el paral y el larguero.
La luz de malla, que es la abertura de cada cuadro, se define por el tamaño de lo más pequeño que se quiera retener. No tiene sentido cerrar con una abertura fina un rack donde solo hay cajas grandes: encarece el paño y agarra más polvo. Y al revés, si en el rack hay piezas sueltas, envases o repuestos chicos, la abertura tiene que bajar aunque cueste más.
Cuando nos escribís, lo más útil es una foto del rack cargado. Con ver qué hay arriba y cómo está estibado se define calibre y abertura sin ida y vuelta.
El anclaje es lo que sostiene, no la malla
Lo mismo que pasa en una red de cancha pasa acá: el paño rara vez es el punto débil. Lo que define si el cierre aguanta es el sistema que lo sostiene. El montaje se hace con cable de acero tensado entre los parales del rack, anclado a la estructura, y la malla va amarrada a ese cable a lo largo de todo el tramo.
El cable hace dos cosas. Reparte el esfuerzo a lo largo del tramo, en vez de concentrarlo en unos pocos puntos, y permite tensar parejo: una malla floja se descuelga con el propio peso y termina rozando donde no debe. En altura eso se nota más, porque cualquier diferencia de tensión se ve desde el piso.
El detalle fino está en dónde se ancla. En muchas bodegas no se puede perforar cualquier punto de la estructura, y hay que resolver el anclaje respetando la estructura del rack tal como está calculada. Por eso el montaje se planea antes con quien conoce la bodega, y no se improvisa en el momento.
Montaje con la bodega operando
Ninguna bodega de distribución puede parar una semana para que le instalen mallas. Por eso el trabajo se hace por tramos: se cierra un rack, se libera el área y se pasa al siguiente, coordinando con la operación para no cruzarse con el montacargas ni bloquear la ruta de picking.
Eso obliga a trabajar en altura mientras abajo se sigue moviendo producto, así que el orden del montaje importa tanto como el paño: preparar los accesorios de anclaje antes de subir, montar el cable de todo el tramo, tensar y recién ahí amarrar la malla. Hecho así, un pasillo largo avanza rápido y la bodega no pierde días.
Al terminar cada tramo conviene revisar tres cosas: que la tensión quede pareja, que la malla no obstruya el acceso del montacargas a las tarimas y que la señalización de niveles siga a la vista. Son los tres puntos donde una instalación apurada se nota después.